PDF Relatos En Torno A: Un Libro De Piedra

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Wilkie Collins

Durante un rato trabajó en silencio; luego se puso en pie. Cada vez que el haz de positrones completa el ciclo de su recorrido, la transmisión vacila un segundo. Ya voy con retraso. Hay que inundar de helio el sistema durante tres horas, antes de que yo pueda entrar en él. Y después tengo que ajustar el nuevo semi-reflector, y eso lleva tiempo. Podría hacerle una reparación en cuestión de minutos, pero no quedaría del todo bien.

Tendría una avería antes de llegar a la órbita de Marte. Vernadsky trasladó con cuidado el bidón de helio a bordo de la nave. Debido a que andaba con la atención puesta enteramente en el bidón de helio, se equivocó al doblar una esquina en el atestado interior de la nave, y se encontró de pronto en un compartimiento extraño y oscuro.

Sólo tuvo tiempo de dar un grito de sorpresa, y acudieron precipitadamente dos hombres que les echaron fuera, a él y al bidón, y cerraron la puerta.

Es enorme. He leído todo lo que ha caído en mis manos sobre asteroides, lo cual quiere decir que me he leído todo lo que se refiere a las siliconias. Sea comprensivo —dijo Vernadsky con tono implorante. Mientras no termine, no tengo nada que hacer. Hay a quien le gustan los perros. A mí me gustan las siliconias. Otras llegan incluso a leer el pensamiento.


  • Cuentos del libro de la noche, de José María Merino - La piedra de Sísifo.
  • Libros de Luis García Jambrina.
  • Dime la verdad (AdN) (Adn Alianza De Novelas).
  • Opinión y blogs.

Ya se lo he dicho. Déjeme verla.

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No se la voy a robar. Sólo quiero verla —dijo Vernadsky. Debió de ser el trabajo de reparación sin terminar, lo que le salvó la vida en ese momento. Vernadsky contempló con verdadero pavor y algo de repugnancia la criatura gris que tenía delante. Sin embargo, la presencia real y efectiva de una cosa tiene algo que no pueden suplir ni las palabras ni las fotografías. Tenía la piel de un gris suavemente aceitoso.

En general, tenía una forma ovoide, redonda por arriba, aplastada por abajo, con dos series de apéndices. Se metía las piedras desmenuzadas en esa cavidad. Dentro, la piedra caliza y los silicatos hidratados reaccionaban para formar las siliconas con las que se formaban los tejidos de la criatura. La sílice sobrante volvía a salir por la cobertura en forma de excrementos blancos como guijarros. El vago parecido que tenían con las orejas de un conejo hacían inevitable el nombre de siliconia. Pero había también una minoría que sostenía otras hipótesis. La siliconia se deslizaba lentamente por encima de una roca untada de aceite.

O al menos la necesitaba para la formación de sus tejidos. Vernadsky estaba maravillado. Tiene casi medio metro de ancho. Volvamos a los motores. Había agarrado fuertemente a Vernadsky por el codo, y estaban ya a punto de marcharse, cuando algo vino a detenerles: una voz a la vez lenta y farfullante, hueca y arenosa. Fue producida mediante la friccióncuidadosamente modulada de unas placas contra otras, y Vernadsky se quedó mirando con horror a quien había hablado. Era la siliconia, que se había convertido de repente en una piedra parlante. Había dicho: —El hombre se pregunta si esta cosa puede hablar.

Ya la ha visto y la ha oído también. La siliconia dijo: —Marte da una vuelta cada dos cuatro horas tres siete y medio minutos. Urano fue descubierto en el año uno siete ocho uno. Muy viejo. De antes de que se inventaran los viajes espaciales —dijo uno de los tripulantes con disgusto—. Ni siquiera era un libro- film. Se trataba de una impresión corriente. Ya era hora de terminar la limpieza y ponerse a trabajar en el interior. Fue un trabajo concienzudo, y Vernadsky sólo lo interrumpió una vez para tomarse un café y descansar.

Entonces viene usted y la encuentra, y ella descubre que el universo no es sólo roca. Descubre trillones de cosas que nunca había imaginado, por eso le interesa la Astronomía.

MAL DE PIEDRA, DE CARLOS MONTEMAYOR

Son un mundo nuevo todas esas ideas que encuentra en el libro y en las mentes humanas, también. Por ese motivo se arriesgó a decir eso, que debía de ser la mitad de la verdad. Vernadsky vio cómo se alejaba, y sintió una excitación casi irresistible. Estaba a solas, con una barba de dos días, una lata de cerveza y un proyector de películas, y la melancolía que reflejaba su rostro colorado y mofletudo era el resultado de la soledad en que vivía, igual que lo era la forzada animación de los ojos de Vernadsky.

El oficial Hawkins se encontró de pronto mirando esos ojos y se sintió feliz.

Libro rescata mitos y leyendas del sector rural | Diario El Día

Aun cuando se tratara sólo de Vernadsky, la compañía era bienvenida. Le saludó efusivamente y escuchó complacido el sonido de la voz sin preocuparse demasiado de lo que decía. De pronto, la diversión desapareció y prestó atención. Estoy poniendo toda el alma en lo que te digo. Dice que es su mascota y la alimenta con rocas grasientas.

Un minero de la ruta de los asteroides sería capaz de convertir un pedazo de queso en su mascota, si pudiera hacer que le diera conversación. No se trata de una de esas que tienen unos pocos centímetros. Yo creía que un tipo que vive aquí tenía que saber algo sobre los asteroides. Las siliconias obtienen su energía mediante la absorción directa de rayos gamma. Es un extraterrólogo muy famoso.

María Lapiedra - Relato erótico (Fragmento de mi libro 'Mi Mundo de Plástico')

Nada de telepatías. Pero comenzaba a ponerse pensativo. Ni hay suficiente radiactividad. Y aquí tenemos una de casi medio metro, unos treinta y ocho centímetros largos.


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Un asteroide con suficiente 9. Es un tipo astuto.